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Es real lo que vemos?

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Es posible realizar con total eficacia la medición de la presión escritural tan solo con nuestra visión?

El mundo que vemos, ¿existe tal cual “ahí afuera” de nosotros? La realidad de una flor, ¿existe en el mundo, independientemente de quién la está percibiendo? Sin duda preguntas desafiantes, pero no nuevas. Ya Demócrito, hace más de 2.500 años, sin ciencia empírica alguna, apuntó que “es preciso que el hombre conozca que está separado de la realidad y que conocer de verdad qué es cada cosa es un enigma”.

Lo cierto es que hoy comenzamos a saber que el mundo que nos rodea es, en buena medida, creado por nuestro propio cerebro, y que la realidad que conocemos se construye sobre la base de que “las neuronas -como señaló Blakemore- presentan argumentos al cerebro basados en las características específicas que detectan en el mundo exterior. Argumentos con los que el cerebro construye la hipótesis de la percepción” (F.Mora: Cómo funciona el cerebro. Alianza. Madrid 2009. 2ª edición).

Y todo esto se debe a que el funcionamiento de los códigos neuronales de nuestro cerebro, resultado de ese largo proceso evolutivo ocurrido en la Tierra durante mas de 700 millones de años, no ha sido nunca copiar el mundo sino recrearlo y construirlo fundamentalmente para sobrevivir. (F. Mora: El Reloj de la Sabiduría. Tiempos y Espacios en el cerebro Humano. Alianza. Madrid 2008. 2ª Edición). Y la pregunta ahora es esta: ¿cómo se construye pues en el cerebro la realidad sensorial?

Déjenme que les ponga un ejemplo sencillo de ese complejo mundo neuronal de cómo el cerebro construye, por ejemplo, las formas que vemos. La retina detecta millones de puntos de contraste luz-sombra y las redes neuronales de las áreas visuales de la corteza cerebral (punto a punto) “los pegan”, construyendo líneas en todas las direcciones posibles del espacio (orientación). Tras ello, otras neuronas detectan líneas que cambian de dirección. Así ocurre un proceso de convergencia neuronal de complejidad creciente con el que el cerebro “dibuja” los rudimentos de las formas o figuras de lo que se ve, puede variar esta visión según nuestro estado de ánimo, cansancio o otras circunstancias externas que distorsionen nuestra percepción .

Y es acorde a estos códigos cómo el cerebro construye las formas de una firma o de una escritura en función a una realidad que, como tal, desconocemos. Ya lo señaló Ortega y Gasset al escribir que “El pensamiento humano no descubre el universo, sino que lo construye. (F. Mora: Neurocultura. Alianza. Madrid 2007). Es decir, lo que hay “real”, “ahí afuera”, sólo lo es en tanto que está construido por cerebros que contienen unos determinados códigos de procesamiento de la información sensorial y no otros.

Y del mismo modo que la construcción de las formas, ocurre la construcción por vías neuronales paralelas del color y el movimiento de lo que se ve. Y es al final en redes neuronales ensambladas funcionando en códigos de tiempo, como se obtiene esa imagen última de lo percibido. Después, cuando la información sensorial entra a redes neuronales de otras partes del cerebro (sistema límbico).

Hasta aquí todo el procesamiento lo hace el cerebro por mecanismos inconscientes. Finalmente, esta información se hace consciente en ese enorme y complejo procesamiento espacio-tiempo que ocurre en las áreas de asociación de la corteza cerebral. Nuestras emociones respecto al momento pueden contaminar como percibimos la realidad de un análisis de pericia caligráfica.

La tecnología y los modernos softwares, no distorsionan la realidad, sus algoritmos están preparados y desarrolados para que el peritaje cáligrafo, los cuales nos prestan su ayuda para poder efectuar periciales sin errores.

De esta forma se reducen los datos subjetivos que desarrolla el ojo humano, para pasar al detalle científico y objetivo de una tecnología adaptada para poder desentrañar por ejemplo, la presión escritural, cada ser humano firma o escribe con una presión muy distinta a otro ser humano, y los modernos softwares pueden llegar a distinguir la presión escritural entre distintos firmantes/escribientes.

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